Por Alin González

Instagram y twitter : @Pumaline

Para comenzar a redactar este texto primero he tenido que tomar un respiro muy profundo, tuve que cerrar los ojos y conectar con el amor que me hace escribir, tuve que conectar con el agradecimiento y con mi parte de  luz que me dicta todos los días cada palabra que hoy me atrevo a compartirles.

2018 empezó para mí como un declaración de triunfo, de amor profundo y de independencia, todo iba bien, luego de salir adelante de una relación codependiente en la que viví maltrato psicológico, venía de ser muy valiente y comenzar una empresa yo solita, con la ayuda de la gente que cree en mí y que se mantiene aún a mi lado a pesar de los altibajos, todo iba presentándose bien, el trabajo interior era incesante , me di la oportunidad de enfrentar muchos temores, por fin luego de muchos años ( mas bien de nunca haberlo hecho) cumplía un año de vivir sola con mis hijos y de formar un hogar con ellos. Todo pintaba de mil maravillas.

En enero, la vida puso frente a mí a un ser humano extraordinario, divertido, amoroso, entregado, un hombre a quien admiro en todos los aspectos, alguien con quien hice click al segundo de verlo. De ese mes en adelante jamás nos volvimos a separar, sacamos las mejores partes de los dos, nos enseñamos cosas padrísimas y compartimos la misma pasión: subir montañas y nos convertimos en un gran equipo, nos impulsamos, nunca nos dejamos caer.

De repente ya me había enamorado, sin necesidad de que nadie me hiciera feliz, mas bien , con muchas ganas de compartir, aprendí a discutir las cosas en las que no pensamos igual y llegar a acuerdos, realmente estaba viviendo por primera vez una relación sana , llena de respeto y de equilibrio. Por primera vez en muchos años ( muchos créanme) me gustaba ser la novia de alguien asi nada mas, de estar con esa persona y de no querer cambiarle nada o que me quisiera como yo lo quiero, nada, me sentía tan cómoda con el que no vi que se acercaba el momento de hacerme a un lado, era tan real, era tan pleno, que no vi que era finito. Por primera vez pude sentir que realmente cuando uno siente amor , no hay nada que duela ni que haga sufrir, que uno de los principales ingredientes para que eso suceda es la aceptación, y creanme , ese ejercicio, de aceptar lo vengo trabajando desde hace muchos años ya. Me acepto plenamente y por eso acepto a los demás.

Sucede que un día, ya no dio más. Los procesos que cada quien vive son diferentes y aunque la situación sea una, las percepciones siempre son diferentes y tuvimos que terminar, mi ego, mi lado codependiente se resistió y me tiró al suelo, a la lona de nuevo, me decía que no había sido suficiente, que una vez más había fallado, esta vez, junté todo lo que he aprendido, me puse de una pieza y dije ¡no!, nada de eso es real, me puse de pie como pude y solté y dejé ir, con amor, pues el amor no es egoísta, y si la persona que amo necesita irse para ser feliz , adelante, mi ego dijo¡te espero! y así estuve un buen rato, pero una vez mas mi amor propio me dijo no, no estás para eso, pues además eso es egoísta, es una artimaña para mantener cerca a quien ya se debe ir. Y así comencé mi proceso de soltar…les soy honesta no se como se hace eso, se decirle adiós a lo que me hace daño, se quitarme de donde me duele, pero, ¿cómo se renuncia a lo bonito de la vida? ¿ Cómo me despido de mi alma gemela? ¿Cómo dejo ir tanto amor?

Comencé a leer mucho acerca del desapego y a tratar de aplicarlo, y no solo vino esa pérdida, mi empresa la que iba viento en popa, tuvo una caída importante, en la que tuve que tomar decisiones que me lastimaron ( el ego ) pero que al final, he fluído y las cosas poco a poco van tomando cauce de nuevo.

He tratado de poner en práctica estas 4 leyes del desapego en cada aspecto de mi vida, y si bien aún no lo manejo como mi cabeza me dice que ya debo estar desapegada de las cosas , pues la vida se ha vuelto menos pesada, hoy entiendo que las cosas solo pasan, que la vida es , que no hay bueno ni malo la vida sólo sucede y que si puedo hacerme responsable de mis consecuencias siempre y cuando trabaje en reconocer que hay cosas que sí dependen de mi y otras no, y que cada paso que doy con conciencia va a tener consecuencias me guste o no.

Primera ley del desapego: eres responsable de ti mismo

La primera ley del desapego invoca un principio básico de crecimiento personal: la responsabilidad. Pensemos en ello: nadie va a retirar por nosotros cada piedra que encontremos en el camino. Al igual que nadie va a respirar por nosotros ni  se ofrecerán voluntarios para cargar nuestras penas o dolores.

Cada uno de nosotros somos artífices de nuestra propia existencia. Y algo así implica valentía. Significa que debemos desapegarnos de las opiniones ajenas, de la necesidad de ser validados, de esperar la aprobación de los demás para seguir adelante con nuestras decisiones, sueños o proyectos.

Así pues, siendo plenamente consciente de ese derecho a ser constructores del propio destino, ten muy en cuenta estas dimensiones:

  • No pongas en el bolsillo de los demás tu propia felicidad. No concibas la idea de que para ser feliz en esta vida, es esencial encontrar una pareja que te ame, o tener siempre el reconocimiento de tu familia. La soledad a veces es la mejor compañía para favorecer nuestra autorrealización.
  • Si el barómetro de tu satisfacción y felicidad está en lo que los demás te aportan, no conseguirás más que sufrimiento. ¿La razón? Pocas veces lograrán cubrir todas tus necesidades.
  • Cultiva tu propia felicidad, siéntete responsable, maduro, toma conciencia de tus decisiones y de sus consecuencias, elige por ti mismo y no dejes nunca que tu bienestar, dependa de opiniones o consejos ajenos.

Segunda ley del desapego: vive el presente, acepta, asume la realidad

En esta vida, nada es eterno, nada permanece, todo fluye y retoma su camino tejiendo ese orden natural que tanto nos cuesta asumir a veces. Las personas estamos casi siempre centradas en todo aquello que ocurrió en el pasado y que, de algún modo, se convierte ahora en una dura carga que altera nuestro presente.

A menudo, estamos tan “apegados” a todos esos eventos acontecidos en el ayer que se nos olvida los más importante: vivir. Ponemos toda nuestra atención en esas desavenencias familiares, en trauma que nos ronda y condiciona, en esa pérdida, en ese fracaso sentimental o esa frustración no superada… Todo ello son anclas que nos aferran, que ponen cadenas en nuestros pies y anzuelos en nuestra alma.

Desapego es también aunar fortalezas para poner la mirada en el presente y permitirnos sanar heridas. Hay que favorecer la aceptación, asumir realidades y no resistirse ante ciertas evidencias. Es más, aveces no tenemos más opción que la de perdonar e incluso perdonarnos a nosotros mismos. Solo así nos sentiremos más liberados, listos para apreciar con todos nuestros sentidos el el “aquí y ahora“, este presente donde tienes tu verdadera oportunidad.

Tercera ley del desapego: promueve tu libertad y permite ser libres también a los demás

 Asume que la libertad, es la forma más plena, íntegra y saludable de disfrutar de la vida, de entenderla en toda su inmensidad.

Desapego no es cortar vínculos o establecer lazos marcados por la frialdad emocional. Todo lo contrario. Estamos ante una dimensión donde aprender a limar miedos para amar de forma más auténtica y respetuosa. Es saber dar y permitirnos recibir sin presiones, sin necesidades ciegas, sin ansiedades o con el eterno temor a ser abandonados. Es preferir sin necesitar al otro.

Asimismo, otro aspecto que debemos recordar sobre el desapego es que no estamos obligados a ser responsables de la vida de los otros. Así, no falta quien por ejemplo ansía encontrar pareja para huir de la soledad o incluso para sanar viejas heridas del ayer. Tengamos claro que ninguno de nosotros tiene la obligación de ir de héroe. De rescatar a otros para curar sus soledades o fracturas provocadas por antiguas relaciones. Este tipo de lazos solo generan sufrimiento.

Los apegos intensos nunca son saludables, pensemos por ejemplo en esos padres obsesivos que se exceden en la protección de sus hijos y que les impiden poder madurar, poder avanzar con seguridad para explorar el mundo.

La necesidad de “despegarse” es vital en estos casos, ahí donde cada uno debe salir de los límites de la certidumbre para aprender de lo imprevisto, de lo desconocido.

Cuarta ley del desapego: asume que las pérdidas van a sucederse tarde o temprano

En toda corriente budista y espiritual está presente la idea de la impermanecia. Hablamos de esa dimensión donde estamos obligados a entender “sí o sí” que en esta vida nada perdura, que nada puede contenerse eternamente. Las relaciones e incluso las cosas materiales, cambian, maduran, y a menudo hasta terminan desvaneciéndose. Asumamos por tanto la idea del cambio, la ausencia e incluso la pérdida como una ley vital a la que no podemos cerrar los ojos.

Algunas personas se irán para siempre, los niños crecerán, algunos amigos dejarán de serlo y algunos amores se irán del calor de nuestra mano… No obstante, llegarán otras muchas más cosas. Porque la vida es cambio, pero también movimiento y todo ello forma parte del desapego. Y como tal, hemos de aprender a asumirlo para afrontarlo con mayor integridad. Con mayor fuerza. No obstante, lo que nunca cambiará, es tu capacidad de amar: empieza siempre por ti mismo.

(Fuente : https://lamenteesmaravillosa.com/las-4-leyes-del-desapego-para-la-liberacion-emocional/ )

Espero les sirvan estas 4 leyes como a mi me han servido, espero que todos y todas tomen las emociones y las decisiones en sus manos y se decidan de una vez por todas a amarse y a ser muy felices. Se lo merecen.

#BeBrave

 

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